Sin importar el tipo de conversación que podamos tener, la idea es la comunicación; y dependiendo del tono y expresión, activamos en el oyente una idea o sentimiento donde se espera algún tipo de reacción ya sea positiva, negativa o neutral. ¿Se han puesto a pensar en el efecto domino que causan los apodos a un niño? "Pulga", "bebe", "loquito", "tigerito", y que tal "junior"… ¡Cuidado! Un sobrenombre puede marcar a un niño o adolescente de forma única y para toda la vida causando que interfiera en el desarrollo de la personalidad autentica del individuo desviando la identidad... y cuando estos son ofensivos, definitivamente afectamos el autoestima. Solo con ese detalle impactamos a la sociedad. Similarmente, ocurre en los medios cuando públicamente calificamos a una persona negativamente con sustantivos degradantes sin pensar en las reacciones indirectas que pudieran repercutir.